Jul 7 2009

Crónica efímera eterna

Ricardo

Esta es una crónica surgida de una de esas escapadas furtivas, de uno de esos encuentros en los que lo que menos esperas encontrar o sentir es el amor y en los que, sin embargo, descubres el verdadero significado de la palabra. Espero que sea de su agrado…

CRÓNICA EFÍMERA ETERNA.

Sentado en una estación del metro con nombre afrodisiaco, como retando a la mala suerte te espero debajo de una escalera.

Leo un cómic crudo, con más sangre que dialogo, esas imágenes atroces me absorben. Poco a poco me hundo entre el papel y la tinta del cómic en blanco y negro. Me imagino viviendo esa historia, de pronto soy yo quien golpea, quien es golpeado, quien es capaz de hacer las cosas más viles, soy aquel que cae en lo más deplorable por una mujer, por una mujer. Y es que sí, tú eres una dama por la que mataría.

Gracias a ese pensamiento vuelvo en mí, miro el reloj y un poco decepcionado pienso que ya no llegarás, quizá en venganza por todas esas veces que te he dejado esperando. Ja, me lo merezco, eso y más. Vuelvo al cómic y siento una presencia, una mirada tan fuerte que me hace voltear. Eres tú, sí llegaste, a pesar de todo llegaste.

Al verte me doy cuenta de que esa instrucción mental a la que llamamos tiempo no modifica en modo alguno lo que siento por ti. Puede pasar un año, pueden pasar tres meses, puede pasar un segundo en esta realidad. Pero en nuestra realidad, la única que ahora importa, estamos tú y yo en un momento efímero que a la vez es eterno, inmutable, sin tiempo ni espacio.

Sigues haciéndome temblar como el día en que te conocí, sigues siendo el detonante de mi enfermedad mental. Incluso he llegado a pensar que ese estado es el mío, es yo, es nosotros. Por ello cuando trato de ser “normal” es cuando soy el ser más hipócrita sobre la faz de la tierra, es cuando traigo puesta una mascara que tu sola presencia fulmina.

No dejas de sorprenderme, a pesar de los riesgos accedes a mis planes, vences los miedos, los nervios, el pudor. Todo lo vence tu temple, tu estirpe real. Oh mi princesa, vences todo por mi, por tu amigo, aquel amigo que te ha hecho llorar, que te ha hecho reír, pero más importante aún, que te ha hecho soñar.

Por fin solos tu espíritu y el mío, esperando a que sus prisiones materiales sean el medio de su liberación. Ya nada puede evitar la explosión, el apocalipsis, el nirvana, la nada. Ya ni hay marcha atrás, el camino está ya por trazarse. De pronto algo lo inicia todo, a mi alrededor ya no hay más que pasión desenfrenada, carne, sudor, sangre, espíritu puro, tú.

Ya nada existe, sólo nuestros espíritus formando un circuito cerrado en el que la energía fluye y constituye un solo ente. Entre más fluye la energía más crece el ente, no para de crecer. Veo a Dios y me doy cuenta de que su omnipotencia no se compara en nada con aquello a lo que hemos logrado darle ser. Así llegamos al punto máximo, al cenit, somos el todo y a la vez la nada, somos todos los hombres, todas la mujeres, todos los seres, toda la materia, el universo mismo y a la vez, el vacío.

Todo termina, te contemplo agitada y hermosa, hermosa como siempre.

De pronto llega aquel a quién llaman dolor, un dardo envenenado por un recuerdo atravieza mi mente. Me tengo que ir como siempre, pero me voy amandote como nunca…

Ricardo Rivas H.